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Pintura. Joaquín Torres García

Pintura. Joaquín Torres García

Los invitamos a visitar la muestra "Pintura" con obras de Joaquín Torres García que hace muchos años que no se exponían. Segundo piso del Museo Torres García.















Pintura

Presentación

Al hablar de Torres solemos hablar sobre teorías, y no nos dejamos sorprender, por ejemplo, por lo rápido que un joven de 17 años sin ninguna formación artística adquirió los saberes del oficio tradicional, y lo temprano que decide que en la pintura debe haber algo más que simplemente imitar la realidad.

Pero, ¿qué es la pintura? Pintura es un término engañosamente simple y concreto. Para un niño, es esa materia colorida con que puede expresarse plásticamente; para un albañil, un material de trabajo. Para la academia en cambio, la palabra pintura define no solamente a los cuadros pintados, si no que es una categoría aplicable a cualquier técnica que genere una imagen, independientemente del tipo de soporte.

Torres García sentía la pintura como entidad viva; una tradición de saberes con su propia historia y sus reglas silenciosas que iban más allá de la técnica o de la voluntad de representación mimética. En 1919 Torres escribe que “La pintura no es el representar, ni la manera de representar. Es aquello absoluto por medio de lo cual las cosas toman cuerpo en la representación”. La pintura no es pues el mero producto del oficio, si no que es un ideal, algo que está en el trasfondo del hecho plástico, que lo anima y que le da sentido. Pero no un sentido que pueda ser captado por el intelecto, sino por la intuición.

“Comprender, es sentir y ver, Ver, es sentir y comprender, Sentir es ver y comprender”. Para Torres, Pintura es como decir Música; una música visual, de armonías y escalas tonales, de ritmos y de diálogos entre las formas, una música que se comprende sin palabras.

Posteriormente, Torres complejiza el término aún más, distinguiendo entre la pintura de caballete y el Arte Constructivo Universal. Así denomina al arte geométrico, planista y arquetípico, y lo diferencia de la pintura de cuadros, la pintura de caballete de tradición europea. En muchos de sus cuadros constructivos Torres minimizará la presencia de lo pictórico para priorizar el aspecto planista, estructural y arcaico de las obras. La exposición Pintura busca en cambio, dirigir la mirada a lo puramente pictórico de la obra de Torres, al artista que cada tanto se liberaba de la necesidad de ofrecer una visión trascendente del mundo, para simplemente pintar.

Textos de Sala

Pintura pintura

En 1926 Torres García se instala en París con su esposa y cuatro hijos, iniciando la que luego recordará como la etapa más feliz de su vida. El competitivo ambiente artístico lo estimula enormemente, y debe ganarse un lugar entre los grandes. Se propone hacerlo a pura pintura, y se entrega a una actividad frenética, haciendo lo que en ese entonces se llamaba Pintura-pintura, es decir pintura sin literatura; pintura directa, densa, sensual. 1928 será el año más prolífico de su trayectoria, y por primera vez en su vida de pintor Torres García puede mantener a su familia únicamente por la venta de sus cuadros, sin tener que dar clases o fabricar juguetes. En la pintura de los años 27, 28 y 29, justo antes de la creación del Universalismo Constructivo, la temática no importa pues es mero pretexto para realizar diversos abordajes al hecho plástico; abundan los bodegones, paisajes y diversos personajes reales o imaginarios, pero el protagonista siempre es la materia pictórica.

Hijos

El retrato de sus hijos, Torres García se permite realizar un buen ejercicio casi didáctico: a la vez que los rostros están pintados, en particular el de Olimpia, con un síntesis extraordinaria –con reminiscencias de los mejores logros de tema análogo de los grandes impresionistas–, esa síntesis representativa se integra y por lo tanto se dispersa como imagen en el juego de colores del damero del fondo.

Retratos de Nueva York

Al instalarse en nueva York en 1920, Torres García se diversifica; además de fabricar sus juguetes, hace decorados para teatro, realiza esténcils, diseña afiches publicitarios y decora una iglesia. Y también se propone como retratista, realizando algunos autorretratos y retratos de amigos y familiares como muestra de sus destrezas en un lenguaje que no es precisamente el que más le interesa practicar, ya que en Torres hay una compleja relación de admiración y rechazo, de tentación y resistencia con lo que llama la pintura de la luz (pintura de la apariencia). Ese es el caso de los retratos de Manolita y de Augusto, pintados con gran habilidad en un oficio que podría ser considerado tradicional y que Torres García solamente se avino a mostrar en contadas oportunidades.

Juguetes.

En 1919 Torres Garcia le escribe a su amigo Barradas que lo que hacen los niños me interesa más que nada. Voy a meter toda mi pintura en los juguetes. Los juguetes configuran a partir de entonces un laboratorio formal donde Torres García investiga soluciones plásticas que indagan sobre la descomposición de las formas de una manera que no violente la integridad del objeto. Toda la obra de Torres ocurre en el equilibrio entre dos polos; de una parte la libertad creativa y el juego, y por la otra, la búsqueda de una correspondencia entre la obra y principios de unidad y armonía con la totalidad.








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